jueves, 30 de marzo de 2017

Cuando un hombre lee (Microcuento)

Afuera llovía. No porque lo supiera, sino porque todos los pasajeros llevaban puesto impermeables, tenían paraguas y además estaban mojados y goteaban por doquier. Miré a mi alrededor y no cabía ni un alfiler. El subte se movía de manera silenciosa, como todo tren nuevo, y se mecía adormeciéndome. En uno de mis pestañeos breves, justo en dirección recta desde donde estaba sentada, pude ver por medio de unos largos brazos que se abrían dándome visión, una persona leyendo. Si bien, en todos los subtes encontramos personas leyendo, éste me llamó provocativamente la atención.  Era extremadamente atractivo, pero no como los modelos publicitarios, sino atractivo en su postura, en su manera de vestir, en sus gafas que le daban un perfil intelectual. Un libro en la mano derecha y la mirada concentrada en la lectura, el pelo algo mojado y apenas un fruncimiento de ceño. Un pequeño mechón de pelo lacio y negro caía apenas sobre su frente y cada tanto, con un leve movimiento, intentaba sacárselo de encima. “Que hombre tan interesante”, pensé. ¿Qué estará leyendo? ¿Qué estilo le gustará leer? ¿De qué color tendrá los ojos? Y en el mismo momento que lo pensé, levantó su mirada y sus ojos de un color miel muy claros se clavaron en los míos dejándome hipnotizada.

Llegamos a la próxima estación y el movimiento de la multitud que entraba y salía del vagón me lo quitó de la visual sacándome del estupor en que me había dejado. Cuando las puertas se volvieron a cerrar y el gentío se volvió a quedar quieto en su lugar no pude resistir buscar un hueco que me permitiera volver a verlo, pero para mi sorpresa y desilusión, cuando logré encontrar un pequeño espacio, él ya no se encontraba allí. 

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