Es difícil imaginarme con una sola mujer, me
gusta estar con cuanta belleza se me cruce en el camino, sin embargo hay una en
particular de todas ellas que no me la puedo sacar de la cabeza. Ya hace días
que me despierto en la noche pensándola y maldigo las horas que me mantiene
despierto imaginándomela en mi cama, ya que a diferencia de las demás, con ella
aún no lo he logrado. Aun no entiendo cómo es posible y me lo pregunto en cada
segundo de mi insomnio, yo que nací bajo un sol inagotable y llevo la piel
iluminada, yo que salpicados de lunares tengo dos brazos, una cara y, en ella,
una boca, una boca de labios gruesos y bien formados que todas enloquecen por
besar y que ella ni siquiera mira, una boca que me sirve para comerme la noche
a gritos y que podría humedecer su cuerpo regándolo con besos. Su cuerpo…
realmente lo recorrería entero, me tomaría mi tiempo para no dejar un
centímetro de su piel sin besar, tal vez me demoraría en aquellos lugares donde
la sintiera suspirar sabiendo que lo hace por placer. Mis manos acompañarían a
mi boca llenándola de caricias, las haría suaves para que se estremezca entre
mis brazos.
Miro mis manos. Unas manos pequeñas y
entristecidas por no acariciarla, que no acertando a definir la ausencia que me
provoca, divagan lunas, paisajes solos y amores inexorables. O esos que aún
resultan inalcanzables.
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