Mi nombre es Joaquín
Arévalos, pero todo el mundo me llama Joaco. Tal vez les parezca un poco
irrelevante, pero antes de contarles mi anécdota de hace unos años atrás, voy a
contarles un poco de mí, ya que todo lo anecdótico de ese día que les voy a
contar, me pasó justamente a mí.
Soy fotógrafo
profesional. Amo la fotografía, amo el arte de poder registrar esa imagen
extraordinaria en el momento oportuno y hacerla única, y aunque para algunos
les parezca cursi, ésa es mi pasión en la vida.
Bien, la cuestión es
que desde que comencé a incursionar en ese mundo, he trabajado en diferentes
escenarios: desde mi propia curiosidad y colección, hasta cumpleaños de 15,
casamientos, books de aspirantes a
modelos, etc. Luego, con el pasar del tiempo y habiéndome perfeccionado en
diferentes cursos y talleres y de hacerme de una cartera de clientes que me han
ayudado a mantener buenos contactos y hacerme famoso, he logrado conseguir
trabajo en una de las revistas de modas más famosas del mundo. Hoy ya hace diez
años que trabajo para esa maravillosa compañía.
Apenas entré a trabajar
me volví a sentir un pichón de nido que recién empieza, algo tímido, esperando órdenes
y sin improvisación, cero autodidacta, pero con el tiempo me fui a adaptando y hoy
soy gerente de producción visual.
Sin seguir yéndome
por las ramas, pasemos a la anécdota de ese día.
Me acuerdo que era un
día espléndido, el cielo estaba limpio y con un color turquesa increíble que
recuerdo haber pensado que era un buen augurio. No hacía mucho calor pero la
temperatura era agradable, estábamos en la plenitud de la primavera. Llegué a
la oficina como todas las mañanas y me acomodé en mi box a esperar órdenes
mientras tomaba una taza de café. Hacía un mes que había entrado a trabajar, mi
casilla de mails aún se mantenía casi vacía. Cuando de repente el gerente de
ese momento sale desesperado de su oficina y nos llama a todos los del equipo
de fotografía ya que se había confirmado una sesión en media hora con una
famosa sumamente difícil de conseguir. Mi compañero, quien me dictaba qué
hacer, me dijo que esperara sentando en el box que cuando saliera de la reunión
me contaba. Me sentí un poco frustrado porque me hubiera encantando asistir,
pero no dije nada y me volví a sentar.
Pasó unos cuarenta
minutos hasta que salieron todos, Gastón, mi compañero, me hizo una seña para
que lo siguiera. Sin dudarlo me paré enseguida, tomé mi mochila dónde llevaba
mi cámara y lo seguí.
-
¿A dónde vamos? – Le pregunté
curioso
-
Es
exterior… bah… interior pero exterior… es una terraza.
Me quedé un poco
sorprendido porque no era la respuesta que esperaba. No quería saber
puntualmente a dónde íbamos, si bien me respondió, mi pregunta apuntaba a saber
quién era aquella famosa tan difícil que finalmente había dado el sí. Lo miré
demostrando mi desconcierto y él enseguida me entendió.
-
Lo sabrás
cuando lleguemos – me dijo dándome una media sonrisa indicándome que realmente
me iba a sorprender.
Hasta que llegamos al auto y medio trayecto ya en viaje, nos mantuvimos
ambos en silencio. Me carcomía la cabeza pensando y barajando posibilidades de
quién podía ser ella, pero la verdad nadie me parecía tan importante como para
hacer tanto espamento. Y las que sí… me parecían imposibles que fueran. Hasta
que Gastón me sacó de mi análisis y me empezó a explicar cómo íbamos a
trabajar.
-
El trabajo
los vamos a hacer de la siguiente forma. El fotógrafo principal, quien le va a
indicar a la modelo cómo ubicarse, va a ser Sebastián, como siempre. Los demás,
vamos a ubicarnos por los alrededores y también vamos a sacar fotos, todas las
que podamos, luego se van a juntar todas y de ahí sacaremos las mejores. ¿Ok?
-
Ok – Fue
lo único que se me ocurrió decir
Llegamos al lugar, un edificio lujosísimo en plena ciudad neoyorquina.
Nos anunciamos en la recepción y subimos por el ascensor hasta el último piso,
la terraza. Cuando llegamos, el lugar estaba ya todo listo y Sebastián ubicado
haciendo pruebas. Los asistentes iban y venían, había cables por donde se
mirara y luces en exageración. Gastón me indicó un rincón para que me acomodara
y él se ubicó en el otro extremo. Preparé mi cámara, la calibré según la luz
ambiental pero tomando en cuenta la artificial y saqué unas cuantas fotos de
prueba.
Pasaron unos cuarenta y cinco minutos eternos de espera hasta que
finalmente la puerta se abrió y la vi entrar. Lo primero que pasó por mi mente
cuando la vi fue, “Perfecta”, porque realmente lo era. Su elegancia al caminar,
su manera tan femenina al moverse, la sensualidad de su mirada, todo ella,
perfecta.
Nos saludó a todos con un gesto cordial y su sonrisa me sedujo de una
manera que nunca me había pasado en fotografía, automáticamente aumentó mi
deseo en retratarla desde todos los puntos sin desperdiciar ni un centímetro de
su belleza.
Se sentó en un sillón que estaba preparado para la ocasión y subió sus
piernas pisando el sillón y pegándolas a su pecho. Su pelo lo tenía atado en un
simple rodete, llevaba puestos unos mini shorts y un saco de lana fino sin nada
abajo. Su rostro apenas estaba maquillado aunque le habían resaltado sus ojos
para que se luciera su color claro, y unos aros de una sola perla adornaban sus
orejas. Al sentarse dejó caer apenas su sweater dejando al descubierto sus
delgados hombros. Su sensualidad era extrema desde donde se la viera.
Rápidamente comencé a fotografiarla, Gastón me había dicho que tan solo
eran quince minutos y no más. Desde mi rincón, y sin poder moverme según las
ordenes que me había dado, intenté sacarle la mayor cantidad de fotos posibles
sin dejar de aprovechar cada movimiento que ellas nos regalaba. Les saqué
tantas que quise aprovechar y sacarle aún más pero en blanco y negro. De la
manera más rápida preparé la cámara y la accioné infinidad de veces más.
El momento culminó dándonos las gracias, aunque en realidad debíamos
dárselas nosotros por la oportunidad, se marchó.
Cuando llegamos a la oficina, me puse a trabajar enseguida e hice una
preselección y luego hice otra. La verdad hubiera seleccionado todas pero cada
fotógrafo debía presentar tan solo veinte, que, al lado de la cantidad de las
que había sacado, era un trabajo terrible. Una vez elegidas, armé un mail y se
las envíe a mi gerente.
Dos días después, Mario, nuestro gerente, nos llamó a reunión para
informarnos cuáles habían sido las fotos seleccionadas, pero para la sorpresa
de todos sólo fue seleccionada una única foto. En ese mismo instante la
desilusión fue tal que dejé de escuchar todo tipo de comentarios ya que,
obviamente, yo no había sido el fotógrafo que había sacado esa única foto
seleccionada. ¿Cómo iba a poder ser yo si era el novato?, pensé. A pesar de mis
anteriores experiencias, mis dos compañeros la tenían más clara que yo. Luego de
varios minutos Mario estaba elogiando al genial fotógrafo y lo extraordinario
que había resultado la foto elegida, pero como no había escuchado quién había
sido el ganador, hacía como que había estado atento sin mirar ni a Sebastián ni
a Gastón, aunque apostaba que había sido Sebastián, no por nada era el
fotógrafo principal de la compañía.
Finalizados los elogios todos aplaudimos y seguía sin saber a quién. El
gerente tomó un control remoto, presionó un botoncito y se bajó la pantalla
sobre la pared blanca. Presionó otro y la imagen de la foto electa se proyectó
en la tela blanca.
Miré la imagen y la volvía mirar sin poder creer la verdad lo que estaba
viendo. Era mi foto.
Sí, mi foto había sido la elegida. Mi sorpresa, mi alegría, mi emoción
fueron indescriptibles, me sentía orgulloso de mí mismo.
-
Te
felicitamos Joaco, es extraordinaria
Simplemente sonreí y mis compañeros se acercaron para felicitarme
dándome unas palmadas de sincero afecto sobre la espalda.
A partir de ese día mi mundo cambió radicalmente, crecí sin escala con
tan solo hacer lo que amo en la vida, ser fotógrafo.
