martes, 7 de marzo de 2017

Una historia perdida (Primer Párrafo de Autor Anónimo)

Centro de Madrid, contaminación, ruidos, coches, alquitranes flotantes, polvo pegajoso y espeso. Allí están sin embargo, en ese banco ridículo que se inclina sobre el asfalto, tomando un baño de sol urbano y ponzoñoso, mientras la ciudad vibra a su alrededor con el ronquido de los colectivos.
Hago un gesto con la mano dándome a entender que no me debería importar la escena que veo desde la ventana del bar, de aquella pareja de palomas felices que se regodean, una a la otra dándose caricias, y vuelvo a revolver mi café. Desde que me lo trajeron creo que es la décima vez que lo hago. Mi mal humor constante y mi impaciencia no me dejan pensar con claridad, me desvío en pensamientos sin sentido como aquellas palomas que aún siguen disfrutando del sol, en vez de concentrarme en lo importante. “¿Qué es lo que le voy a decir?”
Hace un año que no la veo…mmm o un poco más, no lo recuerdo bien, da igual cuánto tiempo, lo importante es que hace bastante que no la veo y al igual que la primera vez, me siento nervioso como un adolescente que tiene una cita con la chica que le gusta. Tomo un sorbo del café y vuelvo a mirar a la pareja de palomas, se las ve tan felices…

-      Hola

Su voz dulce y suave de siempre hizo que temblara en la mesa y tuviera que apoyar la tasa lentamente sobre su diminuto platito para que no lo volcara y con anhelo en la mirada la miré. Su rostro iluminado por su blancura hizo que la volviera a amar con la locura que la amé la primera vez que la vi. Sus ojos azules me miraban con dulzura y eso me desarmó vulnerándome por completo. Me levanté enseguida y me acerqué para darle un beso en la mejilla, pero mi deseo por ella me traicionó e hizo que fuera muy cerca de la comisura de su boca, cosa que la hizo temblar, la sostuve entre mis brazos y la miré con intensidad intentando transmitirle todo lo que sentía por ella no pudiéndolo hacer con palabras. Pude oler su perfume y me estremecí al recordar cuando le acariciaba la piel y la solté, obligándome a controlar mi cuerpo. Con un ademán la invité a que se sentara. Le pedí otro café al mozo y un cortado para ella. Nos miramos varios minutos en silencio, creo que no sabíamos por dónde empezar.

-      Te amo…
-      Me casé…

Dijimos ambos al unísono. La confesión de ambos la dejó con la boca abierta a ella y a mí con el corazón destrozado. Recordé las palomas y las miré, allí seguían.

-      Te fuiste
-      No me esperaste
-      No me lo pediste

Volvió el silencio. El mozo trajo el café y el cortado.

-      ¿Sos feliz?
-      No me preguntes eso
-      ¿Sos feliz, Camila? – Mi tono ya era enfurecido aunque lo disimulara
-      ¿Lo hubiera sido contigo?
-      Te hubiera hecho la mujer más feliz del planeta
-      Pero no lo hiciste, todo lo contrario… te fuiste sin decirme nada y te lloré por mucho tiempo… - La miré y no soporté ver su mirada entristecida y bajé la vista a mi café – Alguien se encargó de hacerme sonreír otra vez, sabes? – No supe qué decir y seguí en silencio - ¿Por qué volviste, Marco?
-      A recuperarte
-      Tarde


La seguridad en su voz me desarmó el alma, mi corazón hizo un sonido en mi pecho indicándome que se rompía aún más. Tragué saliva en el intento de soportar el dolor pero no lo logré, era una punzada profunda y constante en el pecho.  La miré una vez más, allí estaba, sus ojos se habían endurecido y me miraban con un adiós en la boca que nunca pronunció. Se levantó y no tuve el coraje de mirarla. Con lágrimas que, al fin, salían de una vez y saciaban mi deshago, volví a mirar a las palomas que allí seguían, regodeándose. 

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