—Bien,
Maia, no voy a dar mucha vuelta, creo que notaste que me impactaste el otro día
y que no pude hacer mucho al respecto. Pero evidentemente el destino quiso que
hoy y en este lugar nos volviéramos a
cruzar, y para serte sincero, volviste a impactarme…—Guau, ¡qué directo! No le
digo nada; de hecho, ni me muevo, solo lo miro. Él me tiene impactada a mí,
pero no se lo voy a decir. —…con lo cual hoy no creo que te deje ir si no es conmigo.
Realmente
es directo.
—Lo
siento, no puedo aceptar la propuesta, soy casada.
¡Ah,
listo! Me recibí de idiota… Aunque, para mi sorpresa, a él no se le mueve un
pelo por mi respuesta.
— ¿Tu
marido está acá? —me pregunta como si nada.
—No —le
respondo.
— ¿Te
espera en tu casa?
—Tampoco,
está en un viaje de negocios.
— ¿Cuándo
vuelve?
—En una
semana… creo… tal vez más — ¿Por qué le doy tanta información?
Mi
última respuesta sí lo sorprende.
— ¿Por
qué te deja sola tanto tiempo?
Lo miro
sin responderle pero levanto mis cejas como no entendiendo la pregunta.
— ¿No
sabe que corrés el riesgo de que nos enamoremos?
Oh… Me
derrito acá mismo y a sus pies… Cada vez lo tengo más cerca, se va acercando
muy lentamente. Miro su boca y mis labios se separan esperándolos, llena de
deseo por besarlo.
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