martes, 7 de febrero de 2017

El concierto


“Dentro de escasos minutos ocupará con elegancia su lugar ante el piano. Va a recibir con una inclinación casi imperceptible el ruidoso homenaje del público. Su vestido, cubierto de lentejuelas, brillará como si la luz reflejara sobre él, el acerado aplauso de las ciento diecisiete personas que llenan esta pequeña y exclusiva sala, en la que mis amigos aprobarán o rechazarán – no lo sabré nunca – sus intentos de reproducir la más bella música, según creo, del mundo.” Mientras espero que eso suceda me mantengo detrás del cortinado del palco principal, mi palco. Siento que mis palpitaciones comienzan a acelerarse por la ansiedad que me genera el solo verla luego de tanto tiempo. Respiro profundo. ¡Wow! Sonrío y sacudo el cuerpo, estoy nervioso. Sólo dios sabe todo lo que hice porque hoy estuviera aquí sin que se enterara quien la convocó.
Las luces comienzan a atenuarse. Llegó el momento. Sale al escenario, se para en medio, justo en frente del piano y saluda al público que la ovaciona. Se me cae una lágrima que rueda lentamente hasta mi mentón para luego perderse en el rojo sangre de la alfombra. “Cómo te extrañé mi querida Malena… pensé que nunca más volvería verte”, dije en un susurro. Su piel blanca seguía tan firme como la recordaba. Su boca, de labios gruesos, llevaba un brillo color carmesí que se llegaba a ver desde lejos.
Se sentó en el piano, acomodó su vestido y luego, cuando el silencio reinó en la sala, comenzó a tocar. Su música me envolvió como un manto y acarició mi alma llenándola de nostalgia, tantos recuerdos junto a ella.

El concierto duró alrededor de unos cuarenta y cinco minutos, que a mi parecer fueron tan solo cinco. Al terminar, volvió a pararse en medio del escenario y saludó a su público igual que al principio.
Me apuré por los pasillos para llegar antes que ella a los camarines, debía enfrentar los tantos años de cobardía.
-      Dile que la espero dentro – Le dije a quien le había asignado para que la cuidara. Con apenas un movimiento de cabeza, me dijo que sí.
Al entrar, enseguida reconocí su perfume e inspiré profundo para llenar mis pulmones de él, aún seguía usando el mismo, ese, el que me cautivaba cada vez que la tenía cerca. Miré a mí alrededor. El lugar arrebataba de sus cosas. Me acerqué al perchero y acaricié sus prendas colgadas de manera tímida una al lado de la otra, apenas rosándolas con las yemas de los dedos, recordando cuando lo hacía sobre su piel. Caminé hasta su silla y me miré al espejo. Estaba viejo, arrugado, el tiempo había pasado y nunca había tenido la valentía de decirle que la amaba con locura y que hubiera dado la vida solo por haber estado a su lado. No tuve el coraje de seguirla aunque me lo imploró con lágrimas en los ojos. ¿¡Qué podía hacer maldita sea?!, me dije conteniendo las lágrimas y descargando la bronca mientras apretaba con fuerza el respaldo de la silla, dejando que mis nudillos se volvieran blancos de las fuerza. Ella era joven y tenía toda una carrera por delante, yo, ya estaba casado, tenía una vida hecha y era linda y armoniosa. Mis hijos no me lo hubieran perdonado nunca, y no los quería perder… y Clotilde… Clotilde era una buena mujer que no se merecía que la dejara, ella me amaba, no lo podía traicionar. ¡Qué cobarde fui!
-      ¿Miguel?
Al escuchar su voz suave y desconcertada, mi cuerpo se paralizó, todos mis músculos se tensionaron y mi corazón comenzó a desbocarse dentro de mi pecho. Lentamente comencé a darme vuelta, debía enfrentar su mirada, debía saber qué decían sus ojos luego de haberla dejado ir. Cuando lo hice, lo hice con timidez pero mis miedos se esfumaron en segundos cuando vi que su mirada era dulce y llena de vida. Me sonrió con ternura y me extendió su mano para que se la tomara, ahí fue cuando supe que aún me seguía amando.

      

1 comentario:

  1. AAAAAAAH HERMOSOOOO,SIEMPRE NOS HACES SUSPIRAR,Y CON GANAS DE SEGUIR LLEYENDO, GRACIAS POR EL REGALITO.

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